
Al hacer la cola en el supermercado estamos expuestos a una serie de sucesos capaces de exasperar nuestra paciencia.
Una constante es que siempre te enfilás en la cola más lenta, es como si hubiese una ley universal y caprichosa que rige el comportamiento de las filas en tu contra.
La historia comienza cuando la hasta ahora simpática viejita de adelante te dice "Hay, cuidame el lugar que me olvide el orégano". Resulta que pasan los minutos, la cola avanza hasta casi llegar a la caja, y de la vieja ni noticias. Pero como sos bueno y respetuoso asumís tu compromiso y la esperás.
Un instante más tarde, tu memoria boicoteadora se activa para recordarte que te estás olvidando del jugo tang de pomelo que te encargó mamá, pero como sos tímido y respetuoso procedes abandonando la fila y reinsertandote nuevamente en el final de ella.
Ahora sí, por fin estás llegando, pero en la vida no todo es tan facil...la cajera frena tu impulso con un seco y directo"Señor, usted superó el número máximo de productos" mientras te señala el cartel de "Máximo 15 productos". Es entonces cuado te ves obligado a sacrificar los artículos más presindibles, que generalmente son los que más te gustan, como esa caja de bombones o los aceites escensiales de aromaterapia.
Tus niveles de tolerancia ya comienzan a disminuir considerablemente...Y mejor ni hablar de la cajera, ¿por qué las eligen tan fuleras? De todos modos, el hecho de por fin ser atendidos es relajante.
Pero a no cantar victoria, aquí comienza otra historia:
Un queso mantecoso sin código de barras te obliga a regresar a la seccion de fiambres para cambiarlo por otro. Lo peor es que mientras volvés los de la fila te asechan con una mirada hostil, como diciendo "eh, no te coles".
Llega el momento de pagar. Desenfundás tu Mastercard pero resulta que el fabuloso posnet no la autoriza. Esto desata una serie de consultas internas entre los empleados que van y vienen despavoridos. En medio de tanta ignorancia hay una sola forma de resolver el conflicto: LLamando al supervisor que indefectiblemente se va a encontrar en el extremo más lejano del edificio.
Pero esto no es todo, si sos del club del efectivo todas tus cumpras terminan con la misma escena: una cajera desganada, mascando chicle y preguntandote "¿Desea donar 98 centavos a la Fundación Favaloro?"
Para culminar esta deliciosa aventura, en el momento en el que ya estás harto, entra en acción el idiota de atrás para chocarte los tobillos con el paragolpes de su changuito. BASTAAAA!!!
Y agaunte los almacenes de barrio, carajo!!
Chau Amiguitos!!

muy bueno
ResponderEliminary muy cierto
gracias x subscribirte a mi blog, t devuelvo el favor =)
besos
cuidate